CETA : No se trata de tomar partido por Trudeau contra Trump.

Diputados europeos repiten que apoyan el CETA para hacer frente a los intentos de Trump de poner en peligro el régimen de comercio basado en acuerdos multilaterales. ¿Es un acuerdo comercial con Canadá, un país con el que compartimos tantos valores, el que nos va a ayudar a defender la ola destructiva de Trump?

Esto es no ver la realidad. En primer lugar el CETA abriría la puerta a las multinacionales de los Estados Unidos – unos 38000 – porque tienen filiales en el Canadá. Los cambios realizados en la primera propuesta sobre tribunales privados no impedirán que los Estados Europeos sean demandados en relación a una serie de políticas públicas que van desde la protección del medio ambiente a las prohibiciones de fumar en algunos lugares. Algunas de estas multinacionales son incluso propiedad de Trump. Por lo tanto, esto supone caer en sus manos.

En segundo lugar, poco importan los valores que compartimos con los canadienses – no se trata de la gente sino de los intereses de las multinacionales. De hecho se trata de cambiar nuestros valores. Las multinacionales canadienses están igualmente determinadas a llevar a los Estados ante la justicia, como cualquier gran empresa si considera que una Ley o un Reglamento amenaza sus aspiraciones de beneficio. El año pasado, la empresa canadiense Transcanada utilizó el mecanismo del NAFTA (Tratado de Libre comercio de América del Norte), para la solución de controversias entre inversores y estado (ISDS), para reclamar 15.000 millones de dólares al Gobierno de los Estados Unidos después de la decisión del Presidente Obama para detener el oleoducto Keystone XL. El CETA también contiene un órgano de cooperación de diferencias normativas, eufemísticamente llamado ‘Foro cooperación regulatoria’ que realmente consolida la influencia de las empresas en nuestro sistema jurídico. Todos estos acuerdos transatlánticos (CETA, TTIP, TISA y compañía) pretenden crear una sociedad donde prevalecen los intereses económicos sobre la democracia y en ningún caso para fortalecer valores europeos o canadienses.

Por último y el punto más importante: debemos entender que Trump no viene de la nada. Su veneno se filtra por millones de grietas de nuestra economía globalizada- las comunidades marginadas, los parados, los precarios, los olvidados. La idea de que los acuerdos comerciales conllevan sólo ganadores está totalmente desacreditada. El CETA, como sus predecesores, amparándose en este mito no prevé nada para los perdedores (y las evaluaciones indican que van a ser muchos – más de 200.000 puestos de trabajo perdidos). Repetir la misma receta no nos va a ayudar en la lucha contra Trump – en vez de eso se le alimenta a él y a sus semejantes en ambos lados del Atlántico.

¿Cómo podemos luchar contra Trump? Mostrando que la solución a estos acuerdos devastadores que favorecen a los inversores privados no pueden estar en una economía donde todo el mundo está tratando de aplastar al vecino, sino en un sistema de comercio basado en la satisfacción de las necesidades de la sociedad que: consolide los servicios públicos, cree empleos decentes, promulgue leyes y reglamentos que limiten el poder de los poderosos, y evite la explotación de los trabajadores. Sin estas medidas, el ‘trumpismo’ no hará más que crecer y prosperar.

Un primer paso es no ratificar el CETA el 15 de febrero el Parlamento Europeo.